lunes, abril 02, 2007

Filosofía. Editorial. Los contratos amañados.

¡Buenos días! Hoy es el primer día del resto de mi vida

EL PENSAMIENTO DEL DÍA

“Un hombre prudente debe discurrir siempre por las vías trazadas por los grandes hombres e imitar a aquellos que han sobresalido extraordinariamente por encima de los demás, con el fin de que, aunque no se alcance su virtud algo nos quede sin embargo de su aroma”.

Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527) Político, diplomático, filósofo, historiador, poeta y autor teatral italiano. Es generalmente considerado como fundador de la filosofía política moderna.


LA ESQUINA DEL LUNES DE LA FILOSOFÍA

Continúo transcribiendo el excelente trabajo del Lic. Jaime Vargas Flores. Recomiendo espontáneamente su lectura y les sugiero que lo compartan con sus amistades políticas. Porque enseña mucho.

LA FILOSOFÍA POLÍTICA MODERNA

1) La ciencia política del Renacimiento

Entre el último cuarto del siglo XV y el primero del XVI, período en el que transcurrieron las vidas de Nicolás Maquiavelo y Tomás Moro, la civilización europea experimenta una profunda mutación: los descubrimientos geográficos, la evolución del comercio marítimo y, sobre todo, la consolidación de los estados modernos, asentados sobre una amplia base territorial, un fuerte poder militar y el gobierno centralizado de un príncipe soberano. En este marco aparece la "ciencia política", es decir, la primera serie de estudios técnicos sobre política. Estos estudios son considerados estrictamente políticos porque dejan por primera vez totalmente al margen cualquier compromiso ético del gobernante. Este modo de referirse a la política fue contemporáneo de la reforma y del inicio del mercantilismo y contribuyó notablemente a la conceptualización moderna de las relaciones entre ética y política.

2) Maquiavelo

Para Maquiavelo, el Estado es la unidad de un país bajo una república o príncipe. El objetivo del príncipe es la grandeza y poder del estado y la seguridad de sus súbditos (pero no necesariamente su felicidad). La virtud del príncipe estará al servicio de este objetivo único y, para ello, ha de incluir, si es necesaria, la crueldad, la astucia y la fuerza.

La razón de estado justifica cualquier acción, aunque ésta contradiga las recomendaciones de la recta razón que aconseja a cada individuo el camino hacia la virtud y la felicidad. No obstante, no es correcto afirmar que la razón de estado sea inmoral. La razón de estado se justifica porque se dirige a un proyecto colectivo: el bien de la nación. Si la nación advierte que el príncipe se ha convertido en un tirano, es legítima la rebelión.

Lo destacable de la obra de Maquiavelo, aparte de lo evidente, es que la relación entre el hombre y la comunidad no tiene el más remoto parecido con aquella que se reflejaba en los textos de Platón y Aristóteles. El ciudadano es ahora súbdito. Más que "miembro" de una comunidad, es un "elemento" en el conjunto del estado. Aunque formalmente cada individuo forma parte del estado, la realidad parece evidenciar que el individuo "está" en el estado como quien entra en una casa ajena. Por otro lado, el estado no tiene ya una función "hacia adentro" (cuidado de los ciudadanos), sino hacia afuera; el estado lo es por referencia a los otros estados, en la medida en que se afirma ante ellos por su poder.

Maquiavelo consideraba a la acción política como muy superior a la mera reflexión y, si buena y digna era la tarea que correspondía a los pensadores políticos, mucho más apasionante y noble era la de aquellos que dedicaban su vida a la realización de ese bien que los primeros enseñaban a poner en práctica.

Pero esa sublime tarea tiene también sus exigencias, que básicamente se resumen en subordinarlo todo a aquella que es su meta única y suprema, que no puede ser otra más que la fundación, conservación y defensa del Estado. El político sabe que ese supremo ideal se funda en buenas leyes, en buenas armas y en buenas costumbres, pero conoce igualmente que en su quehacer como hombre de Estado, si quiere alcanzar sus más altos propósitos, necesita recurrir a una serie de acciones que son moralmente malas o que al menos como tales son consideradas.

El gobernante no debe ceder ante esos abismos morales que supone recurrir a armas tales como la mentira, el engaño, la crueldad o el crimen.

El gobernante debe tener claro aquellos que son sus deberes fundamentales y la defensa del Estado debe constituir para él el valor supremo y, en consecuencia, en todo momento deberá anteponer el bien común al privado, no dudando en amar a la patria más que a la propia alma. Deberá, siempre que pueda, apoyarse en aquellos principios morales que son compatibles con la defensa del Estado y que se orientan a ese fin, pero, puesto que sabe o debe saber que los Estados no se mantienen basándose en padrenuestros y avemarías, y que no siempre la honradez y el comportamiento moral son la mejor política, para conservar el Estado tendrá que estar dispuesto, cuando las circunstancias lo requieran, a actuar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso necesita tener un ánimo dispuesto a moverse según lo exigen los vientos y las variaciones de la fortuna, y a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado (El príncipe, p. 92)

El gobernante que ha optado por una actitud política, debe anteponer ésta a una conducta ética, estando dispuesto en el ejercicio de su cargo, esto es, por razón del poder, a cometer injusticia. Nada debe detenerle, ni las críticas ni la amenaza de una condenación eterna, pues aun en el caso de que creyera en el infierno, debería colocar antes la salvación del Estado que la de su alma. Ésa es su grandeza y también su miseria.

La radical novedad frente a toda la tradición política anterior es la defensa de la autonomía de la política, y la afirmación de la separación y fractura ineliminable entre política y moral. Mantuvo la independencia entre la esfera ética y la política y nunca sostuvo que todo aquello que fuese políticamente conveniente o útil para la conservación y defensa del Estado fuese, por eso mismo, moralmente correcto. Al contrario, creyó que no se podía valorar como justo todo aquello que el Estado considerase útil o necesario para su propia conservación, pues los principios morales que están en la base de la vida civil son válidos en toda forma de vida en sociedad, aun cuando reconozca de forma traumática, y sin hipocresía de ningún tipo, que a veces es necesario violarlos, pero no por ello pierden su predicado moral convirtiéndose en moralmente válidos.

Toda violación de los principios morales y humanos es siempre moralmente condenable, aun cuando sea política necesaria, pues:

En las deliberaciones en que está en juego la salvación de la patria, no se debe guardar ninguna consideración a lo justo o injusto, lo piadoso o lo cruel, lo laudable o lo vergonzoso, sino que, dejando de lado cualquier otro respeto, se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria y mantenga su libertad (Discursos, III, 41, p. 411)

Un organizador prudente, que vela por el bien común sin pensar en sí mismo, que no se preocupe por sus herederos sino por la patria común, […] jamás el que entienda de estas cosas le reprochará cualquier acción que emprenda, por extraordinaria que sea, para organizar un reino o constituir una república […]. Sucede que, aunque le acusan los hechos, le excusan los resultados, y cuando estos sean buenos, […] siempre le excusarán (ibid, I, 9, p. 57)

El gobernante debe guiarse por criterios de eficacia y, en consecuencia, debe tener siempre presente las consecuencias prácticas que se derivan de su acción. Ciertamente Maquiavelo no se cansa de repetir que un comportamiento piadoso es siempre moralmente preferible a uno cruel, y esto vale también para el gobernante en el ejercicio de su cargo, pero, dado que debe tener como único horizonte de su proceder la consideración de los resultados concretos, en ocasiones puede verse obligado, si las circunstancias lo requieren, a recurrir a la crueldad si con ella consigue resultados políticos satisfactorios que no podrían alcanzarse mediante un comportamiento piadoso.

Son las consideraciones prácticas, tanto sociales como políticas, las que únicamente debe tener en cuenta el gobernante y, una vez hecho el análisis de la realidad objetiva y de acuerdo con las circunstancias, deberá decidir lo que hacer en cada caso. Es preciso recordar que Maquiavelo no acepta ni legitima la violencia como norma del obrar político, sino sólo en casos extraordinarios y en orden, no al mantenimiento del poder por parte del gobernante, sino en orden al bienestar de todos.

Distingue claramente entre la crueldad "bien usada y la mal usada":
Bien usadas se pueden llamar aquellas crueldades [si del mal es lícito decir bien] que se hacen de una sola vez y de golpe, por la necesidad de asegurarse, y luego ya no se insiste más en ellas, sino que se convierten en lo más útiles posibles para los súbditos. Mal usadas son aquellas que, pocas en principio, van aumentando sin embargo con el curso del tiempo en lugar de disminuir (El príncipe, p. 62)

Es el bien común y no el privado el que legitima el recurso a la violencia en determinadas situaciones pero, puesto que con sus acciones el gobernante lo que busca son buenos resultados, debe conocer bien el alma humana y, cuando necesite "entrar en el mal", no lo podrá hacer de forma abierta, sino que necesitará simular, engañar y manipular para poder tener éxito, sabiendo "colorear" adecuadamente sus acciones.

Deberá aprender a instrumentalizar las pasiones humanas y a confundir las cabezas de los hombres con todo tipo de embustes, no olvidando que en política lo que cuenta son las apariencias, pues la mayoría de la gente vive lejos de la realidad de las cosas:

Los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos ya que a todos es dado ver, pero palpar a pocos: cada uno ve lo que parece, pero pocos palpan lo que eres y estos pocos no se atreven a enfrentarse a la opinión de muchos, que tienen además la autoridad del Estado para defenderlos […]. Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar su Estado y los medios siempre serán juzgados honrosos y ensalzados por todos, pues el vulgo se deja seducir por las apariencias y por el resultado de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo (ib., p. 92)

El gobernante necesita, pues, ser un maestro de la manipulación y de la seducción, y para ello necesita usar persuasivamente el lenguaje con vistas a conseguir la adhesión de los ciudadanos mediante la manipulación de sus creencias, consiguiendo con ello el bienestar de todos y el propio, asegurando no sólo su poder, sino alcanzando honor y gloria. Aquel que detenta el poder no deberá olvidar nunca que el lenguaje retórico por excelencia es el lenguaje religioso, que para Maquiavelo tiene un valor meramente instrumental, dada su capacidad seductora, que alcanza a todos los pueblos, ya sean más rudos o más civilizados, debiendo naturalmente adaptarse o "colorearse" de acuerdo con esas circunstancias:

Y verdaderamente, nunca hubo legislador que diese leyes extraordinarias a un pueblo y no recurriese a Dios, porque de otro modo no serían aceptadas: porque son muchas las cosas buenas que, conocidas por un hombre prudente, no tienen ventajas tan evidentes para convencer a los demás por sí mismos. Por eso los hombres sabios, queriendo soslayar esta dificultad, recurren a Dios […]. Y aunque sea más fácil persuadir de una opinión o un orden nuevo a los hombres rústicos, no es, sin embargo, imposible convencer también a los hombres civilizados y que se supone que son tercos. Al pueblo de Florencia nadie le llamaría ignorante ni rudo, y sin embargo fray Girolano Savonarola le persuadió de que hablaba con Dios (Discursos, I, 11, pp. 65-66)

A Maquiavelo la religión nunca le interesó como un fin en sí mismo, sino sólo como instrumento de manipulación política. Él creía que los relatos religiosos, analizados desde el punto de vista de su contenido, eran más bien "pura cháchara" y "pura superstición", pero en ningún caso resultaban indiferentes para el poder, y desgraciado el político que lo ignorase.

Próxima semana, 3) Hobbes


EDITORIAL

LOS CONTRATOS AMAÑADOS

Las insoportables calamidades que están sufriendo los habitantes, empresas y comercios en la zona de la Colonia Escalón y en la Juan Pablo y las de los miles de transeúntes que a diario tenemos que soportar la lentitud e ineficiencia con que los trabajos se están ejecutando, provocan, además del enojo ciudadano muy justificado y del desperdicio de combustible, la censura a las autoridades y funcionares encargados de adjudicar los contratos.

El caso de la Colonia Escalón, tipifica la negligencia o más bien la corrupción que es legendaria en esa cartera de Estado. ¿Cómo se justifica que una empresa que fue descalificada en 2001 para concursar en obras públicas por haber alterado sus estados financieros para ganar licitaciones, sea ahora adjudicataria de obras millonarias similares? Francamente, por mucho que se rebusque, eso no tiene justificación alguna.

Y no solo son los trabajos en el Paseo Escalón que están a cargo de esa empresa, sino que también ya se les había adjudicado otros similares en la Colonia San Benito. El ministro de obras públicas, con lógico criterio, decidió suspender ese contrato y postergar la ejecución de las obras hasta la próxima estación seca, a fines de año.

Los cuestionados contratos fueron adjudicados durante al administración del anterior titular del ramo, quien “presentó su renuncia”, luego que la Corte de Cuentas cuestionara erogaciones millonarias en la cartera a su cargo. Esa misma persona, que es un “alto dirigente” del partido de gobierno, también tiene un despacho en Casa Presidencial.

La permisividad que prevalece en el gobierno habla claramente de su doble moral: por un lado persiguen a personajes corruptos comprobados y un par de ellos están actualmente sometidos a juicio pero que no son miembros del partido de gobierno y por el otro, ante claras evidencias de mala o perversa administración de la cosa pública, se cruza de brazos cuando se trata de personas prominentes dentro del partido.

Nicaragua, que no es ningún ejemplo de pureza porque compadrazgos políticos permiten que el más corrupto de los corruptos, el ex presidente Alemán pueda pasearse por todo el país, como premio a su fidelidad a los pactos hechos en el infierno con Ortega, acaba de embargar los bienes de un ex ministro por corrupción. Se trata de Pedro Solórzano ex ministro de Transporte y Construcción del gobierno anterior quien deberá responder por malos manejos que supuestamente hizo con recursos públicos. Otros ex funcionarios también han sido embargados por similar corrupción.

Cuando Estados Unidos evaluaba la solvencia del gobierno para calificar en el acceso a fondos de la Cuenta del Milenio, uno de los parámetros que poco faltó para reprobar fue el combate a la corrupción. El país apenas alcanzó reconocimiento en este rubro, algo así como impulsado por favorecer a un gobierno amigo.

Fue muy visible el actuar del gobierno desde ese momento, en su esfuerzo por combatir la corrupción, se aprobó la Ley de Ética Gubernamental (impulsada por Estados Unidos) y se dieron los casos ejemplarizantes que ahora se están juzgando.

Pero ese esfuerzo tiene que ir mucho más allá y el combate a la corrupción debe ser frontal y sin tapujos, como lo pregona el jefe de Estado, “no importa quien esté involucrado”.

Entonces y hasta entonces podremos decir que El Salvador es serio en cuanto a su esfuerzo para erradicar ese cáncer que corroe a nuestra sociedad.


COMO TODO EL SALVADOR, YO TAMBIÉN ME VOY DE VACACIONES

Estaré con ustedes hasta el miércoles de esta semana. A partir del jueves estaré de vacaciones gozando de mi hija Mayte que nos viene a ver desde Maryland, a partir de hoy. Regresaré el lunes de Pascual, espero que con ánimos renovados.

Hasta mañana, si Dios quiere.

5 comentarios:

Carlos dijo...

EL ARTE DE LA VENTAJA
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Manual práctico para sobrevivir con astucia en el mundo. Lo que te han contado no es suficiente para triunfar: los conocimientos de este libro se aplican de forma inmediata con resultados excelentes.

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Dr. Chinchilla dijo...

Esta es la parte mas fascinante de las lecturas de Maquiavelo que he recordado:

" No es esencial para un principe tener buenas caracteristicas, pero es mas escencial que parezca tenerlas: misericordioso, confiable , humano, religioso, y que hace las cosas bien (correcto RC)"

"un principe debe ser muy cuidadoso de tal forma que nada se le escape de sus labios que no este lleno de estas 5 caracteristicas, de tal manera que los que lo oyen, lleguen a pensar que las posee. La mas importante de todas es que parezca religioso, por que los hombres juzgan por lo que ven mas que por otras cosas, todos pueden ver pero no todos pueden conocer, todos ven lo que el principe parece pero muy pocos ven lo que el principe es, y los pocos que lo saben no se van a oponer a la opinion de los muchos que lo ven que son ultimadamente los que le dan el poder"

"estos son los los vulgares que se dejan llevar siempre por las apariencias.... y el mundo esta lleno de vulgares"


Parece que los politicos actuales tienen en Maquiavelo sus principal consejero solo espero como creo fuertemente que la mayoria de los que participamos en este blog no seamos del "vulgo Maquiavelico"

Saludos y bendiciones a todos.

Dr. Chinchilla

Anónimo dijo...

Mi primo es un ingeniero civil que hasta hace poco estaba manejaba una pequeña empresa de construcción. Me contaba, que existen tres mafias, que acaparan y ganan prácticamente todos los contratos o licitaciones ofrecidas en las dependencias gubernamentales. Estos caballeros, después de ganar las licitaciones, se las venden a otras empresas pequeñas con un sobre monto de entre 15 y 20%, lo cuál les hace casi imposible competir debido al alto costo, trafico de influencias y la corrupción en muchas oficias gubernamentales (FISDL, Ministerio de Transporte, Ambiente).

Lo que se promueve como un sistema de libertad económica, no es más que un sistema de corrupción y clientelismo, que llega hasta las más altas estructuras del poder, el caso que hoy se menciona, corrobora lo dicho por mi primo.
Saludos,

Que tengan una Semana Santa provechosa, es tiempo de meditar y regenerarse espiritualmente.

Chapulín

Ernesto Rivas-Gallont dijo...

Muchas gracias a Carlos por las referencias.

He leido El Principe varias veces, algunas de ellas comentadas. Una vez escuche que existía una edición con comentarios de Napoleón. Si alguno de ustedes tiene idea de la existencia de esa edición le agradecería muchísimo me informara sobre la casa editora, etc. para buscarlo.

El Principe es una obra de cuidado. Digo esto porque hasta hace unos años, su estudio era materia obligatoria en nuestra escuela militar, pero el problema siempre fue, que de los alumnos muy pocos fueron los que de verdad aprendieron las enseñanzas de la obra, como Maquiavelo las escribió e interpretan el maquiavelismo como sinónimo de traición, intriga, subterfugios y tiranía, cuando su propósito es examinar como mejor construir y establecer un reino, es decir un Estado, como exhorta a los Médicis de Florencia. El Principe es un tratado serio y como tal debe tomarse. Su peligro está cuando es interpretado por individuos irresponsables, porque, aunque Maquiavelo no descarta la buena fe, clemencia y moderación, insiste en que los intereses del Estado están por encima de todas las virtudes individuales.

Anónimo dijo...

bien dicho Don Ernesto:

Estos tratados de Maquiavelo son parecidos a como se usa o puede mal usarse la Biblia (o el Coran etc)

los irresponsables:

Sacan el texto del contexto para convertirlo en pretexto

Dr. Chinchilla