domingo, marzo 25, 2007

LAS ELECCIONES DE 1982
Ernsto Rivas Gallont

Toda esta cobertura universal hizo que The New York times calificara las elecciones salvadoreñas como “las elecciones observadas más de cerca que hayan tenido lugar en cualquier lado”.LAS ELECIONES DE 1982



Hace 25 años, el 28 de marzo de 1982 me encontraba en Washington, DC, sirviéndole a mi país como su embajador ante el gobierno del Presidente Ronald Reagan. La situación en El Salvador, por la guerra civil que estaba en su apogeo entonces y el futuro democrático de la nación, habían creado gran expectación en el gobierno, los medios y la población norteamericanos.

Allá, igual que en El Salvador, se manifestaba una intensa división ideológica. Pero, esa división no se expresaba por las armas, sino que en los medios, los que dedicaban, de manera inusual a lo que ocurría en El Salvador, grandes espacios diariamente, y en el gobierno norteamericano, sobre todo en el Ejecutivo que respaldaba sin ambages el proceso democrático de nuestro país y la derrota de la insurgencia rebelde. Lo mismo ocurría en el Congreso, donde las preferencias estaban divididas entre los Republicanos, que apoyaban, generalmente, la política del Presidente Reagan y los Demócratas que, generalmente, se oponían a ella, la que, por supuesto incluía generosa ayuda económica y militar.

El gobierno norteamericano impulsaba decididamente la celebración de comicios democráticos, porque la situación estructural vigente entonces en El Salvador, no respondía a un proyecto democrático y su institucionalidad y legitimidad eran muy frágiles.

Ese apoyo norteamericano era tal, que en una oportunidad en 1981, cuando atreví declarar públicamente que a lo mejor el país no estaba listo todavía para celebrar elecciones tan temprano, causé un oleaje discordante en pasillos gubernamentales, allá y acá, pues “el embajador salvadoreño había expresado una opinión (que podría ser la de sectores del gobierno, aunque en el caso era ‘no oficial’) que poco faltó para provocar mi suspensión a pocos meses de haber asumido el cargo. Solo me salvó el apoyo del canciller Fidel Chávez Menay de su viceministro Alejandro Gómez Vides, pues la opinión mía, reflejaba la de ellos.

Fue así como el 28 de marzo del año 1982, literalmente bajo las balas y amenazas del FMLN, tuvieron lugar las elecciones en las que el pueblo heroico salvadoreño concurrió masivamente a elegir los miembros de la Asamblea Constituyente convocada para designar un nuevo gobierno provisional y redactar una nueva Constitución.

Recuerdo que mi padre, a la sazón un hombre de 81 años, hizo cola, bajo el sol, durante tres horas, y cuando le pregunté por qué lo había hecho, me respondió, “valió la pena, por El Salvador”.

Abrimos la embajada, a pesar de ser domingo, por la necesidad de mantenernos informados de lo que acá acontecía. Ese día, CNN se “tomó” la sede de la embajada salvadoreña desde tempranas horas y no retiraron su equipo hasta que se conocieron los resultados. La cadena noticiosa, reportaba información cada hora e interrumpía su programación regular a medida que ocurrían eventos importantes o para transmitir frecuentes entrevistas que tenían lugar en El Salvador y en Washington.

Si bien CNN fue el único medio omnipresente en la sede de la embajada, muchos otros desfilaron en el transcurso del día, buscando información sobre lo que sucedía en El Salvador. Mientras tanto, nuestro país había sido “invadido” por centenares de periodistas del mundo entero, quienes disgregados por todo el país, se encargaron de transmitir lo que ocurría en esta pequeña y convulsionada nación.

Varias organizaciones internacionales de todo credo político, enviaron observadores a las elecciones. Lo hicieron también gobiernos y el de Estados Unidos envió a una nutrida delegación de muy alto nivel encabezada por la Senadora Republicana de Kansas Nancy Kassebaum del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, acompañada de otros miembros del Congreso y funcionarios de alto nivel del gobierno.

Toda esta cobertura universal hizo que The New York times calificara las elecciones salvadoreñas como “las elecciones observadas más de cerca que hayan tenido lugar en cualquier lado”.

A pesar de que el Departamento de Estado norteamericano estimaba que la población votante era de un millón y medio de electores, la participación oficial fue de 1,551,680 que eligió a los 60 diputados que integraban entonces la Asamblea Legislativa, lo que resultó en 24 diputados para el PDC, 19 para ARENA, 14 para el PCN, 2 para PAD y 1 para el PPS.

El no lograr ningún partido la mayoría necesaria para formar, con sus propias fuerzas, un nuevo gobierno, condujo a una alianza de ARENA, PCN y PAD, que el 22 de abril de 1982, designó como Presidente de la Asamblea Constituyente al líder de ARENA, Roberto D'Abuisson. El 27 de abril, la Asamblea Constituyente restituyó la vigencia la Constitución de 1962.

Tras la renuncia de Napoleón Duarte de la Junta de Gobierno, el Dr. Álvaro Magaña Borja reconocido abogado, banquero, intelectual y buen amigo de los militares, fue nombrado por la Asamblea el 29 de abril de 1982 (tomó posesión el 2 de junio), presidente provisional de la República.

El nombramiento de Álvaro Magaña no fue casual. Había un fuerte movimiento, impulsado por la coalición de derecha, para instalar al Mayor D’Aubuisson en la presidencia provisional, pero el embajador norteamericano Dean Hinton (1981 – 1983), persuadió al ejército que ese nombramiento no convenía a los intereses nacionales, ni encajaba con la política de su gobierno. El ejército aceptó la posición del embajador y llamó a su partido político que era el PCN y le dio instrucciones para que se opusieran al nombramiento de D’Aubuisson y que propusieran al Dr. Magaña, persona ampliamente respetada y su buen amigo.

Durante los 20 meses siguientes, la Asamblea adelanto, en medio de intensos debates, en el proceso de redacción de una nueva Constitución de la República, que fue finalmente promulgada el 15 de diciembre de 1983.

Duarte había renunciado a la presidencia de la Junta de Gobierno porque manifiestamente pretendía lanzar su candidatura para la presidencia constitucional en las elecciones que se celebrarían dos años después, en 1984.

Las elecciones en El Salvador pusieron de manifiesto el anhelo popular de tener un gobierno democrático y fueron reveladoras de la voluntad general de encontrar una solución definitiva al conflicto interno que desangraba, desde tiempos, al pueblo salvadoreño.

Lamentablemente, las elecciones de 1982 no significaron la solución de los problemas del país, y los derechos a la vida e integridad personal, así como la infraestructura, continuaron siendo objeto de graves violaciones por parte de ambos bandos beligerantes, durante ocho largos años más, hasta que se concertó la paz en enero de 1992.

San Salvador, 25 de marzo de 2007

Hasta mañana, si Dios quiere

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Tras la renuncia de Napoleón Duarte de la Junta de Gobierno, el Dr. Álvaro Magaña Borja reconocido abogado, banquero, intelectual y buen amigo de los militares, fue nombrado por la Asamblea el 29 de abril de 1982 (tomó posesión el 2 de junio), presidente provisional de la República."

Alvaro Magaña fue un gran salvadoreño, pero la caracterización de "buen amigo de los militares" es tendenciosa y falsa, y sólo puede provenir de alguien con óptica de odio hacia los militares, o de "un buen amigo de los guerrilleros".

Anónimo dijo...

Es una aseveración subjetiva que de ninguna manera es tendenciosa ni falsa. No es tampoco, una valorización de las capacidades del Dr. Álvaro Magaña, simplemente sé esta diciendo, que en el contexto político en que se dio su nombramiento, además de sus capacidades, el Dr. Magaña contaba con amplio apoyo en las filas militares.

Eso no es una fabricación, es algo verdadero. La connotación o interpretación que se le quiera dar al termino “amigo de los militares” depende del ambiente político de los ochenta y quien hace la interpretación.

En términos básicos, el problema consiste, en que no se puede hablar de ningún tema racionalmente, sin que algunas personas lo lleven a un absolutismo extremo...”o estas conmigo o en contra mía”

¡Basta ya de polarizaciones!

El Chapulín

Ernesto Rivas-Gallont dijo...

Alvaro Magaña fue un gran salvadoreño, un intelectual, un buen abogado y político,a quien yo conocí muy bien y siempre respeté, pero también fue un gran amigo de los militares. De eso hay amplia evidencia histórica. Ese es un hecho innegable y decir que es una declaración "tendenciosa y falsa", demuestra una de dos cosas. O el autor no conoció a Alvaro Magaña o su fanatismo político lo vuelve miope ante la realidad.

Anónimo dijo...

GUSTAVO LOPEZ TRIGUEROS con atento saludo a don Ernesto y demás participantes del blog que por arte de magia han dejado de ser "rojos","comunistas", "guerrilleros" y quien sabe que más y nos hemos convertido en lexicógrafos, semanticistas o hermenéuticos de alguna suerte.
"Buen amigo de los militares" ha sido interpretado en forma tendenciosa y confrontativa y supongo que si don Ernesto hubiera modificado su aseveración y dicho "Alvaro tenía buenos amigos que eran militares" o "entre los militares Alvaro tenía buenos amigos", frases que esencialmente son equivalentes en sentido, es casi seguro que tambión habría sido calificado de "buen amigo de los querrilleros", pero uniendome al buen juicio de nuestro comapañero de blog, el Chapulin, basta de polarizaciones y vamos al problema.
D'aubuisson tenía las de ganar, era en esos días el más popular ya que muchos creían que sus metodos violentos eran la única manera de resolver el problema, que de socio-político se había arrastrado a militar y ese era su campo. Nosotros los salvadoreños nos dejamos arrastrar por esa solución expedita aunque criminal y despiadada.
Pero para bien o para mal, y digo este porque creo que ese impase no lo resolvimos nosotros, es decir no es una solución nuestra, nos fué impuesta. El presidente Reagan mandó como su enviado especial al General Vernon Walters, quien dicho sea de paso habla un mejor español que muchos de nosotros,y su mensaje decía mas o menos : D'aubuisson no tiene simpatía entre nuchos senadores y si llega al puesto es casi seguro que la ayuda (militar) la suspenderá el congreso - y dada la postura de Reagan enfática sobre la lucha Este -Oeste, el mensajo no fué sugerencia, fué mas algo así como esto es, esto tienen que hacer.
Bueno, el corolario es que como la solución no fué enteramnete nuestra, aún hasta hoy encontramos secuelas de nuestra indecisión.
Que tengan un buen domingo,
Atentamente,
Gustavo

Juan J. Walte dijo...

Leí con mucho interés tu columna de hoy ya que trajo muchas memorias de esos dias, meses y años en Washington. No sé si ya nos conocíamos (yo estaba con UPI hasta el 1ro de diciembre del 82 cuando comenzé a trabajar con USA TODAY). En esta columna tu escribiste:
Recuerdo que mi padre, a la sazón un hombre de 81 años, hizo cola, bajo el sol, durante tres horas, y cuando le pregunté por qué lo había hecho, me respondió, “valió la pena, por El Salvador”.

Y yo recuerdo a mi madre que pasó por algo similar en las elecciones de 1984. Nosotros hablabamos a menudo por telefono y yo trataba de animarla a votar. Ella nunca habia votado en su vida y me decía que para mi era facil hablar de elecciones libres porque yo vivia en Estados Unidos. Yo le decía que si no trataba de por lo menos ir a las urnas (no importa por quien votar; ella simpatizaba con Arena, por cierto) que entonces nunca van a tener elecciones libres en El Salvador. To make a long story, ella fue a votar ese dia y me llamó en la noche para decir que fue una gran experiencia y que se sentía orgullosa de ser salvadoreña y de haber hecho algo para hacerle frente a los comunistas (sus palabras). Ella tenía 66 años y murió en el 99 a los 81 años, y tengo la sospecha de siempre conservó su orgullo de haber ido a votar ese día.
Saludos, Juan